tregua frágil tras la tormenta
La relación entre el presidente colombiano Gustavo Petro y su homólogo estadounidense Donald Trump atraviesa una fase de aparente calma, tras semanas de tensión abiertas. Sin embargo, los expertos coinciden en que se trata de una tregua frágil, marcada por una dinámica altamente personalista y difícil de prever.
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“La relación entre Trump y Petro es tóxica. Un día es fantástica y al siguiente es fatal; es imposible predecir qué viene después”, señala a la politóloga Sandra Borda, profesora de la Universidad de los Andes en Bogotá.
Tras la reciente conversación telefónica entre ambos mandatarios, la experta observa una normalización limitada: “Petro ha bajado mucho el tono de sus ataques en redes sociales y Trump ha hecho algunas declaraciones, pero nada demasiado disonante”.
Según Borda, el problema de fondo es estructural: la política exterior se ha personalizado hasta el extremo. “Es casi una relación entre dos individuos. La cancillería y el Departamento de Estado parecen tener muy poco que ver con lo que sucede, y eso hace que la relación sea muy volátil”.
La llamada: alivio temporal, no solución
Desde Alemania, la politóloga Sabine Kurtenbach, presidenta interina del GIGA en Hamburgo, coincide en que la distensión es limitada.
El vínculo entre ambos líderes debe considerarse “altamente volátil”, no solo por sus profundas diferencias ideológicas, sino porque “ambos utilizan las redes sociales como canal preferente de comunicación, lo que tiende a agravar y acelerar los conflictos”.
En la misma línea, Kristin Wesemann, directora de la oficina de la Fundación Konrad Adenauer en Colombia, subraya en entrevista con que el contacto telefónico no implica un giro estratégico. “La llamada calmó la situación de forma provisional, pero no produjo una distensión estructural. Fue menos un nuevo comienzo político que una corrección tras meses de retórica cada vez más aguda”.
¿Es seguro que Petro viaje a Washington?
La invitación de Trump a Petro para visitar la Casa Blanca abre un nuevo capítulo cargado de incertidumbre. Para Kurtenbach, rechazarla sería políticamente inviable, pero aceptarla tampoco está exenta de riesgos. La estrategia de Trump se basa precisamente en la imprevisibilidad: “Esta incertidumbre, que nadie sepa qué va a pasar, forma parte del juego. Genera inseguridad y mantiene la atención constante”.
Sandra Borda describe la visita como “muy riesgosa”. Cabe recordar que Petro no cuenta con visa que le permita viajar a Estados Unidos, además de que sigue siendo parte de la Lista Clinton, en la que hay registradas personas u organizaciones señaladas de tener vínculos con el narcotráfico o con el crimen organizado.
Según Borda, Washington estaría ensayando dos enfoques simultáneos: la presión y la cooperación. “Una es la fórmula dura, de intimidación y amenaza, que se volvió más creíble tras la intervención en Venezuela. La otra es decir: ‘Ahora que sabes que la intervención no es tan lejana, coopera por las buenas'”.
Esa cooperación tendría un precio. Según Borda, Estados Unidos ya ha dejado claro qué espera de Colombia: reactivar la aspersión aérea con glifosato, intensificar la ofensiva militar contra grupos criminales y abandonar la estrategia de negociación ambigua. “En la medida en que Petro responda a esas solicitudes, van a aflojar la cuerda”.
Concesiones y cálculo electoral
El calendario electoral condiciona las decisiones de Bogotá. Petro dejará el cargo conforme a la Constitución y su margen de maniobra se reduce. Para Borda, el presidente busca proyectar una imagen de responsabilidad: “Petro tiene un interés electoral en enviar el mensaje de que puede manejar responsablemente la política exterior, con el objetivo de beneficiar a quien eventualmente sea su sucesor”.
Wesemann coincide en que Petro no llega desde una posición de fuerza. “Tras meses de declaraciones duras y poco diplomáticas, el desafío será explicar de forma creíble este giro abrupto a sus propios seguidores”.
¿Interferencia de Trump en las elecciones?
La posibilidad de una injerencia estadounidense en las elecciones presidenciales de mayo de 2026 genera debate. Kurtenbach considera probable algún tipo de intervención indirecta. A su juicio, Trump “tiende a involucrarse en estos procesos”, aunque la situación colombiana es distinta de otros casos regionales.
Borda va más allá y advierte que Washington tiene un interés claro en contar con “gobiernos amigos en América Latina” y que Colombia no será una excepción. “No me cabe la menor duda de que algo van a hacer para influir en el resultado. La pregunta es qué y cómo”.
Wesemann, en cambio, matiza ese escenario. “No es de esperar una interferencia directa en el proceso electoral. Sí es posible una acompañamiento político y posicionamientos públicos desde Washington”, señala, subrayando que en Colombia ya se debate el grado de cercanía futura con Estados Unidos.
Una calma engañosa
El consenso entre las expertas es claro: la crisis inmediata parece contenida, pero las causas profundas siguen intactas. La relación Petro-Trump depende menos de instituciones que de impulsos personales, y su estabilidad es, en el mejor de los casos, provisional.
Como resume Kurtenbach, la vida útil de cualquier distensión con Trump es limitada. La pregunta no es si la tensión volverá, sino cuándo y bajo qué forma.