América Latina vive bajo presión de EE.UU.
El impacto de la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela se vive directa o indirectamente más allá de sus fronteras.
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“Es una señal de amenaza creíble, puesta en acción. Una alarma para regímenes autoritarios de la región que habían sido hasta ahora puestos bajo presión mediante sanciones y aislamiento diplomático”, dice a Maryhen Jiménez, doctora en Ciencias Políticas por la Universidad de Oxford.
En lo inmediato, para Cuba “va a ser difícil compensar la falta de petróleo”, considera el politólogo alemán Bert Hoffmann, del Instituto GIGA de Estudios Latinoamericanos. Consultado por , indica que “llegaba mucho menos petróleo que en los mejores días de Hugo Chávez, pero justamente cuando hay poco, si lo poco que hay también se va, no se debe subestimar la dependencia del petróleo venezolano”.
“Hasta 2025, el mayor proveedor de petróleo para Cuba era Venezuela”, indica a Sergio Ángel, investigador de Food Monitor Program (FMP), organización que monitorea la inseguridad alimentaria en la isla. En su opinión, Cuba funciona como un estado parásito de Venezuela.
El corte de suministro impone una dura prueba para el sostenimiento de la economía y la vida diaria de la población, y “puede conducir a una mayor crisis, en un país que depende enteramente de los hidrocarburos para mantener su sistema eléctrico”, indica.
El hambre golpea en Cuba
De acuerdo con la última Encuesta de Seguridad Alimentaria del FMP, el 80 por ciento de los entrevistados admitió que su capacidad para alimentarse se veía afectada debido a los apagones. El 35 por ciento dijo que debió recurrir a leña para poder cocinar y el 25 por ciento debió consumir comida fría o alimentos sin cocción. Un 6 por ciento no pudo comer por algún corte eléctrico y el 47 por ciento perdió alimentos perecibles comprados.
“Esta es una prueba de supervivencia. En muchas zonas del país, los apagones superan las 24 horas y ahora la no provisión de petróleo pone en riesgo aún más la situación energética del país”, alerta Ángel. Si el aislamiento económico impide la llegada de petróleo mexicano, otra opción sería el suministro desde Colombia, si es que Trump no toma medidas para evitarlo.
Aparte del impacto en la generación eléctrica, el déficit de combustible disminuye la disponibilidad de divisas y aumenta el desabastecimiento de bienes importados que, según Ángel, corresponden al 80 por ciento del consumo dentro de la isla. Según datos de FMP, en 2025 los envíos de petróleo desde Venezuela a Cuba fueron entre 27 mil y 35 mil barriles diarios, que no cubrían el déficit. El país caribeño reexportaba más de la mitad para obtener ingresos en dólares.
Resistencia ante una crisis que se profundiza
Si bien algunos hacen frente gracias a las remesas, la sociedad cubana vive una situación muy precaria, observa Hoffmann: “Hay sectores que lo están pasando bastante mal. Cuánto puede durar esta situación es una pregunta que nadie puede responder. No se sabe qué nuevos suministros pueda conseguir el gobierno de La Habana”.
El experto del GIGA explica que el malestar no necesariamente se traducirá en mayores protestas o un estallido masivo. También podría haber “mayor migración o resignación, de aguantar lo que hay. Para que haya protesta pública no solo debe haber un reclamo, sino también la esperanza de que la protesta resuelva algo. Y la acción militar norteamericana en Venezuela puede tener un efecto desmovilizador”, señala.
“Este tipo de crisis se hace muy lentamente. El empeoramiento de la situación, tanto en Cuba como en Venezuela, se produjo progresivamente. Eso hace que la población cada vez tolere un poco más”, señala Ángel. El también director del Programa Cuba de la Universidad Sergio Arboleda de Colombia afirma que “cuando no tengan cómo hacer volver la energía, cuando Estados Unidos empiece a cercar a los otros dos grandes socios, que son China y Rusia, va a ser muy difícil la sostenibilidad”.
¿Limpieza del vecindario?
“Para Nicaragua el efecto más grande no tiene que ver con el petróleo, sino con la relación con China, uno de sus mayores socios”, indica Ángel. Aunque el país centroamericano no es prioritario para Estados Unidos, no se pueden descartar acciones contra enemigos y competidores.
El presidente Trump quiere gobiernos favorables a su ideología en América Latina, tanto por medio de las acciones como del discurso, indica Jiménez: “Estados Unidos ha tomado nuevamente una postura de influir en la política doméstica y electoral en los estados latinoamericanos, apoyando por un lado a los gobiernos afines o a sus candidatos favoritos, y deslegitimando y cuestionando a gobiernos opuestos. No solamente es en términos de autocracia y democracia, sino de gobiernos que no se perciben como aliados en sus líneas estratégicas”.
Por otra parte, observa “una cooperación estrecha con gobiernos afines, de derecha o con aspirantes a presidentes de derecha, como se vio en el caso de Honduras, y una narrativa distinta de cara a los gobiernos de izquierda”. Precisamente en dos países con gobiernos de esta última línea, Colombia y Brasil, se elige mandatario este año.
Como se vio en la tensión generada entre los presidentes Petro y Trump y la posterior llamada telefónica entre ambos, “rápidamente se puede escalar y también desescalar. Hay alta incertidumbre”, apunta la politóloga.
En México, en tanto, “Claudia Sheinbaum es más pragmática que otros mandatarios, como Gustavo Petro o Lula. Trump podría lograr sus objetivos por la vía diplomática. México puede terminar cediendo ante las amenazas o condicionamientos estadounidenses para evitarse problemas”, estima Ángel.
Recuperar terreno ganado por China
“La derecha festeja la caída de Maduro y cierra filas con Trump, pero estar subordinado a Estados Unidos no es algo deseable para América Latina. Es bueno estar abierta al mundo y comerciar con quienes tienen la mejor oferta”, plantea Hoffmann.
China supo capitalizar el descuido estadounidense y expandir sus inversiones por América Latina en las últimas décadas. Ahora Trump busca retomar su influencia, pero “Estados Unidos llega con retraso a esa disputa”, advierte Jiménez.
En este escenario, Hoffmann analiza: “No es de interés de la región disminuir esos fuertes lazos económicos y financieros con China. Venezuela es ahora solo el punto de conflicto abierto, dentro de un esquema de renacimiento de la doctrina Monroe, de dominación hegemónica de Estados Unidos sobre todo el continente”.
Estados Unidos está redefiniendo su rol en una región “que luce bastante debilitada ante esta nueva política con aspiraciones imperialistas, y está fragmentada en su respuesta”, concluye la investigadora de la Universidad de Oxford.
(ms)